Zona Norte

La Tierra de Campos en Valladolid es de entre todas las zonas de la provincia la que presenta una mayor homogeneidad, tanto por su historia como por su geografía. Ocupa alrededor
de dos quintas partes de la comarca natural de Tierra de Campos, comarca que engloba a diversos municipios de León, Zamora, Palencia y Valladolid.
La característica más importante de su paisaje es la horizontalidad, con unas perspectivas en las que la mirada sólo interrumpida por cerros y colinas, se pierde en el horizonte.
Se presenta con la forma de una gran estepa cerealista, con extensas llanuras situadas a diferentes alturas con suaves oscilaciones que no alcanzan los 200 m entre el punto más alto y la cota más baja de sus 1.700 Km2 de superficie.

Este paisaje tan peculiar, es atravesado por cuatro ríos:
Cea, Valderaduey, Navajos y Sequillo, además del Ramal de Campos del Canal de Castilla.
Uno de los elementos diferenciadores de este paisaje son los “palomares”, construcciones que servían como complemento a la economía familiar siendo la cría de pichones complemento
ideal de la alimentación y aprovechando la palomina como abono natural para los cultivos. Su arquitectura ha adoptado muchas formas: cuadrados, redondos, poligonales…
actualmente muchos de ellos están siendo rehabilitados como un atractivo turístico-etnográfico añadido.
Tierra de Campos ofrece enormes sorpresas en su fauna, no sólo cinegética, como liebres, perdices y codornices, o la esporádica del lobo, sino que constituye además la reserva de
la avutarda, especie protegida de gran tamaño y color característico que puede ser observada en esta llanura cerealista, así como otras pequeñas aves como la calandria, la cogujada común, la alondra… y también pequeñas rapaces como el aguilucho cenizo, el aguilucho pálido, la lechuza
campestre o el cernícalo común.
Sin duda alguna, la flora y la fauna de esta zona es muy especial de acuerdo con las características tan peculiares de un clima extremadamente seco, aunque árboles como el chopo, sauces y álamos surgen alrededor de la que fue la obra de ingeniería más importante del s. XVIII en España, el
Canal de Castilla, diseñada con la finalidad de facilitar la salida comercial de los productos agrícolas castellanos y para traer agua y regar los siempre sedientos campos.
La riqueza gastronómica de la zona destaca por su cocina tradicional, sobresaliendo tres alimentos peculiares: el queso de Villalón, el pichón y la lenteja pardina, acompañados del pan
candeal, que justa fama tiene.
El visitante que se acerque hasta aquí, podrá imaginar un “mar” tranquilo lleno de luces y colores.